Leonor: habilidades forjadas en tierra, mar y aire
De Zaragoza a Marín y San Javier, la Princesa ha adquirido liderazgo operativo y técnico clave para su futuro mando de las Fuerzas Armadas
La trayectoria militar de la Princesa Leonor ha estado estructurada en tres etapas complementarias: la Academia General Militar de Zaragoza (Ejército de Tierra), la Escuela Naval Militar de Marín (Armada) y la Academia General del Aire y del Espacio en San Javier. En cada una, ha sumado competencias físicas, técnicas y de liderazgo, desde la instrucción del combatiente y el manejo de armamento, hasta la navegación oceánica y el pilotaje en simuladores y aeronaves de entrenamiento. Este itinerario, homologable al que siguieron su padre, el Rey Felipe VI, y su abuelo, no es un rito simbólico, sino una formación exigente que refuerza su autoridad futura como capitana general, integrando disciplina, mando, conocimiento operativo y capacidad de representación institucional.
Lo aprendido en la Academia General Militar de Zaragoza
En Zaragoza, la princesa Leonor se enfrentó al núcleo duro de la instrucción terrestre: marchas con carga, pistas de combate, topografía aplicada, tiro en simulador y con fuego real, y ejercicios de sección orientados a fuego y movimiento. La exigencia física, que incluye resistencia, fuerza y velocidad, se combina con procedimientos de seguridad y protocolos de empleo de armas cortas y largas. Estas rutinas buscan afianzar la precisión, el control motor fino bajo estrés y la consciencia situacional, pilares del liderazgo táctico. Varios reportes destacan su rendimiento académico sobresaliente y su carácter perfeccionista, así como la ausencia de privilegios en su tratamiento como alumna; su designación como dama cadete/alférez y su desempeño en maniobras consolidaron sus primeros pasos como mando en formación.
Además, el contacto con el terreno, orientación, lectura de mapas y navegación terrestre, le ha permitido comprender la logística de campaña, los ritmos operativos y la coordinación entre pelotón y sección. Esta base no solo mejora la eficacia individual; prepara para dirigir, evaluar riesgos y tomar decisiones con información incompleta, con el añadido de la férrea disciplina del Ejército de Tierra.
Lo aprendido en la Escuela Naval Militar de Marín y a bordo del “Juan Sebastián de Elcano” (Armada)
El tránsito a Marín la sumergió en un entorno radicalmente distinto: la mar como aula, la guardia por cuartos, las rutinas de cubierta y la convivencia en espacios reducidos. A bordo del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano, la navegación oceánica impone turnos nocturnos, maniobras de vela, control de averías y procedimientos de seguridad, todo mientras se mantienen estándares de precisión náutica y disciplina de puente. En estas singladuras se forja la resistencia mental: el ritmo del barco, la meteorología cambiante y el trabajo coordinado con la dotación obligan a liderar desde el ejemplo, comunicar de forma clara y mantener la moral del equipo.
La fase naval incluye, además, exposición a sistemas y doctrina moderna: desde fundamentos de táctica y navegación táctica hasta familiarización con unidades de combate como la fragata Blas de Lezo (F‑103), con sistemas de mando y control avanzados.
Esta experiencia amplía su visión interarmas y consolida competencias de gestión de emergencias a bordo, procedimiento ante siniestros y coordinación entre departamentos del buque, habilidades críticas en operaciones reales.
Lo aprendido en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier (Ejército del Aire y del Espacio)
En San Javier, la formación se desplaza al dominio aeroespacial. El plan incluye Ciencias Aeroespaciales, gestión del tráfico aéreo, planificación de misiones y un tramo intensivo en simuladores CBT y FTD del Pilatus C‑21, que replica con realismo cabina y procedimientos. La progresión natural conduce a la “suelta” (primer vuelo en solitario), hito que exige dominio de listas de chequeo, navegación básica, comunicaciones, gestión del error y toma de decisiones en tiempo real. Aquí el liderazgo se vuelve aún más individual: cada acción en cabina tiene implicaciones directas, por lo que la autoconfianza, la disciplina de procedimiento y la priorización de tareas (aviate–navigate–communicate) se convierten en competencias nucleares.
Esta fase culmina con la obtención de empleos y acreditaciones que sellan el ciclo castrense trienal, integrando lo aprendido en tierra y mar. La combinación de estudios avanzados con entrenamiento práctico refuerza su criterio técnico, su comprensión de las capacidades aéreas y espaciales, y su capacidad de interlocución con mandos y especialistas del arma aérea.
Validación experta e internacional de la formación militar
Esta concepción de la formación militar como requisito funcional y no meramente simbólico es compartida por expertos en historia institucional y observadores internacionales de las monarquías europeas.
El doctor en Historia y profesor de dinastías reales europeas Amadeo Martín Rey y Cabieses ha señalado que:
“Es importante que la princesa reciba una formación militar porque en un futuro, cuando herede la corona, será la jefa de las Fuerzas Armadas”,
destacando que este tipo de preparación aporta disciplina, orden y compañerismo, elementos esenciales para ejercer el mando supremo con legitimidad y conocimiento real de la institución. Esta valoración no se limita al ámbito académico español. La revista británica Tatler, especializada en análisis de casas reales, ha llegado a definir a Leonor como
“la heredera mejor preparada de Europa”,
subrayando precisamente su formación militar integral —en tierra, mar y aire— y su progresiva asunción de responsabilidades como futura capitana general.
Ambas lecturas refuerzan una idea clave: la preparación militar de la Princesa no responde a un protocolo heredado, sino a una lógica estratégica contemporánea que prioriza liderazgo, conocimiento operativo y credibilidad institucional.
Habilidades institucionales y de representación
Más allá del plano técnico, la presencia en actos como la Pascua Militar ha puesto de manifiesto su dominio del protocolo castrense, su capacidad de comunicación con mandos de distintas armas y su visibilidad como referente femenino en estructuras tradicionalmente masculinas. Saludar a centenares de militares por su rango y sostener el tipo en ceremonias de alta exigencia simbólica revela autocontrol, conocimiento institucional y respeto por la cadena de mando, competencias blandas imprescindibles para ejercer el mando supremo con autoridad y empatía.
Utilidad y aplicación de estas habilidades
El valor de este recorrido reside en su integración:
- La disciplina y la resistencia de Zaragoza aseguran temple y eficacia bajo presión en crisis.
- La cooperación y mando compartido de Marín y del “Elcano” potencian su capacidad para coordinar grandes equipos y operar en entornos cambiantes con limitaciones reales.
- La toma de decisiones de alta consecuencia y precisión técnica de San Javier la capacita para entender y supervisar operaciones aeroespaciales y tecnológicas complejas.
En conjunto, Leonor adquiere autoridad técnica y moral para relacionarse de igual a igual con los tres ejércitos, comprender sus doctrinas y hablar su lenguaje profesional, lo que fortalece su legitimidad futura como capitana general y figura de unidad nacional.
¿Por qué pasa por enseñanza militar?
La Constitución y la tradición institucional españolas establecen que quien ocupe la Jefatura del Estado asuma el mando supremo de las Fuerzas Armadas; por ello, la formación militar no es un adorno, sino una exigencia funcional: confiere conocimientos operativos, disciplina, sentido del deber y liderazgo de servicio. Además, su paso por las academias proyecta un modelo ejemplarizante para la sociedad, refuerza la igualdad y la presencia femenina en las Fuerzas Armadas, y consolida la sintonía entre Corona y estamentos militares. La práctica reciente, incluidos actos institucionales y comunicaciones oficiales, subraya precisamente esa finalidad: dotarla de criterio, responsabilidad y cercanía a quienes, en última instancia, se encomiendan a su mando.
La formación militar de la Princesa Leonor representa una preparación completa y estratégica para su futuro como Jefa del Estado y Capitana General. Cada etapa en tierra, mar y aire ha aportado competencias esenciales: disciplina, resistencia física, liderazgo operativo, toma de decisiones bajo presión y conocimiento técnico especializado. Además, su participación en actos institucionales refuerza su perfil representativo y su conexión con las Fuerzas Armadas.
Este recorrido no solo garantiza que comprenda la estructura militar, sino que también le otorga legitimidad y autoridad para inspirar confianza y cohesión nacional, adaptando la tradición a los retos del siglo XXI.
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